Los 80's
Quién le teme al lobo feroz
por Sandro Romero Rey
Tomado del Libro Fanny Mikey Cincuenta años de vida artística (1996)
por Sandro Romero Rey
Tomado del Libro Fanny Mikey Cincuenta años de vida artística (1996)
"Vives en noche perpetua..."
Edipo Rey, Sofocles
Edipo Rey, Sofocles

Cuando salió del T P.B., Fanny tuvo una terrible crisis consigo misma y con su vida de actriz, puesto que consideraba que no había evolucionado en su trabajo actoral y que la productora se estaba devorando a la mujer de las tablas, al animal de la escena. Durante los últimos años había estado viajando a Buenos Aires y había visto los trabajos de Café concert de actrices como Nacha Guevara o Cipe Lincovsky y se moría por hacer este tipo de trabajos. Entonces se encerró a buscar material para organizar un espectáculo de este tipo, donde ella: misma fuera la protagonista. "Conseguí material como para ciento veinte horas", diría Fanny al respecto. Se paseó de Klim a Daniel Samper, de Eduardo Galeano a Bertolt Brecht. El resultado fue la obra Oiganme, un "collage" de humor, sátira política, poesía y momentos memorables del teatro para una sola persona. Fanny pasó a ser, ahora sí, el centro de la escena. Era ella y nada más que ella quien se responsabilizaba por lo que sucediese en el escenario.
Esta vez, el lugar se llamó La Gata Caliente. un espacio pequeño, donde Fanny puso a prueba todas sus virtudes y todos sus temores como actriz. Este lugar, se llamó así porque, cuando se estaba construyendo, encontraron una pareja de gatos pegados, carbonizados, electrocutados por el amor. "La Gata Caliente" fue testigo de la forma como una mujer transforma su pánico en un recurso, de cómo el miedo, el "stage fright", se vuelve una pasión mucho más alta que cualquier otro desgarramiento. Una vez que Fanny pudo domar el potro de la soledad en el escenario y comenzó a distrutarlo, se convirtió, realmente, en una mujer feliz. Aquí se inició, según sus propias palabras, su época de oro, puesto que con el Café-concert podría presentarse en cualquier lugar, sin mayores exigencias técnicas y cosechando todos los éxitos, gracias a su desparpajo, a su humor y a su particular manera de reirse del mundo que la rodeaba. A partir de este momento, Fanny sería Fanny Mikey. Una mujer que vivía, triunfaba, ganaba y disfrutaba con su trabajo. Ya no dependía más de los grupos, de sus caprichos, de sus delirios o de sus ambivalencias. Disfrutó cerca de cuatro años de dicha condición, hasta que se miraría de nuevo al espejo y sentiría el terror de quedarse como una actriz de Café-conciertos para toda la vida. Y una vez más, se puso el freno. Ya había realizado espectáculos en solitario como Oiganme, o Véanme y trabajos con otros actores como El Quinto Miembro, Fanny 200l, El Sexo Mandamiento o Libertad, Libertad. Ahora se trataba de plantearse nuevos desafíos.
Y fue allí cuando comenzó a rondarle en su cabeza la idea de fundar una sala que no fuera para la formación de un grupo, sino para la gente de teatro en general. Porque, a estas alturas del partido, Fanny quería estar al frente de proyectos ambiciosos, donde tuviese el control total de los mismos y los actores pudiesen ganar un sueldo acorde con sus esfuerzos. De esta etapa, que algunos llaman de "profesionalización" del oficio, ha habido no pocos detractores. Se piensa que, para llegar a dicha situación, se tiene que hacer demasiadas concesiones con el público, con la historia, con el sistema' con el orden o con el desorden establecido. Para Fanny, este tipo de problemas no ha existido. Es decir, la discusión ella la plantea en otros términos: uno trabaja para disfrutar de su oficio y para poder vivir bien, gracias a sus resultados. No se trata tan sólo de "ganar plata", sino de sentir la satisfacción por un trabajo que remunera los insomnios. Por esta razón, se puso a la caza de dicho espacio y poder brindarle a Bogotá una sala que presentara todo tipo de teatro, sin limitaciones grupales, ni de repertorio.
Un año duró Fanny buscando el lugar adecuado, hasta que se cruzó por su camino el teatro de la 71, antiguo teatro Chile, lugar convertido después en estudio de grabación y, finalmente, en depósito. Consiguió comprar el lote, gracias a su buena fortuna y durante dos años siguió haciendo Café-concert en las noches mientras, durante el día, "movía el tarro" para la construcción del futuro Teatro Nacional. Terminaba las funciones en La Gata Caliente a las doce o una y... quién dijo sueno? Las madrugadas se empataban con el día, pero desde las siete de la mañana estaba la idea inaplazable de Ievantar el teatro de los sueños. Todos se han preguntado, en aquel momento y desde mucho antes si Fanny Mikey no se cansa. "Mi cuerpo se cansa, pero yo lo obligo", dice ella. "Soy muy injusta con mi cuerpo". Y de estas exigencias diarias nació, en 1981, la primera obra para el Teatro "de la 71": El Rehén de Brendan Behan, bajo la dirección de David Stivel y con un elenco de quince actores. La sala estuvo lista un día antes de su estreno y una vez más Fanny debía luchar con su vocación de timonel del barco, y con su ejercicio reposado de actriz que forma parte de un elenco. A veces estaba en la mitad de un ensayo y debía decir: "lo siento, pero si no me voy un momento, no hay luces para el espectáculo". Y había luces. Pero, por supuesto, todo este correcorre hizo que su actividad como actriz se resintiera y, permanentemente, la lucha es por mantener su lugar sobre la escena y, al mismo tiempo, continuar con su labor "para los demás".
En 1982, estrenaron Quién le Teme a Virginia Woolf? de Edward Albee, un verdadero desafío y un verdadero triunfo para el Teatro Nacional, puesto que, a pesar de ser una pieza con una particular agresión a la conciencia del público, logro estar en cartelera por espacio de siete meses. Y hubiese podido durar mucho más, si la máquina incansable del cuerpo de Fanny no se hubiera enfermado. La amargura de su peronaje eomenzó a devorársele el corazón y, cuando menos lo pensó, los espasmos cardíacos le estaban ganando la partida. Inútil fue la felicidad de compartir con excelentes actores, de estar en la plenitud de su carrera, de ser dirigida por César Campodónico, de llenar hasta los bordes las 351 butacas de su teatro A Virginia Woolf había que temerle.
De allí en adelante, el repertorio del nacional ha combinado grandes piezas del teatro moderno, con obras que le garantizan el presupuesto para la continuidad de su empresa. Una vez más, el llamado "teatro comercial" le sirve a los intereses de Fanny, mucho más allá de las piezas en sí mismas. Son obras que han sabido conquistar un gran público y que, a su vez, han repercutido en la creación de producciones ulteriores.
Durante más de diez años, el Teatro Nacional ha mantenido sus puertas abiertas a todo tipo de espectáculos y se ha podido mantener firme, a pesar de los altibajos, de las crisis, de la violencia o de la desazón. Desde las producciones del mismo teatro, pasando por obras del Cono Sur, acogidas en la época de la dictadura, matizando con trabajos destacados de distintos grupos y compañías nacionales. Estos espectáculos no solamente se presentaron en Bogotá, sino que se hicieron giras por distintas ciudades del país, con temporadas que, desgraciadamente, hoy se ven reducidas por la tensa situación que, dia tras dia, se vive en Colombia Pero el estilo del repertorio siempre ha variado, porque la idea de Fanny de conservar el Teatro de la 71 como un bastión que se iba a sostener gracias a las superproducciones de su nueva sala en el Barrio La Castellana, no se ha podido cumplir. En el Nacional se ha pasado de obras como A Puerta Cerrada de Sartre a Panorama desde el Puente de Miller, de Los Japoneses no Esperan de Talesnik a Bent de Sherman, de Extraña pareja de Simon o La Noche de las Féminas de Enquist, a grande éxitos como Hay que Deshacer la Casa de Junyent, La Mujer del Domingo de Willis o El Ultimo de los Amantes Ardientes del mismo Neil Simon.
De toda esta experiencia, Fanny sabe que es impredecible adivinar cuál obra va a tener éxito o cuál obra va a fracasar. Los ejemplos abundan en la experiencia de su sala. Sin ir más lejos, el caso de una obra como Bent, que se presentó casi sin publicidad durante tres dias, tuvo tanto éxito, que la temporada hubo que extenderla por espacio de varios meses Sin embargo, con el tiempo, se adquiere la experiencia de equivocarse menos "Conozco el público colombiano", asegura Fanny. "Una de las pocas cosas de las que yo me jacto de verdad, es en la elección de repertorio Es muy difícil que me equivoque. Porque yo juzgo, no como intelectual, no con el egoísmo propio de los actores que quieren lucirse con tal o cual obra. Yo juzgo en la medida que la obra le sirva al público colombiano. Pero el éxito o el fracaso, es una carambola. Y no es un problema mío. Es el problema que tiene hasta el último empresario del mundo"
Sin embargo, parece que las carambolas continúan. Y las décadas siguen aumentando.




