MONÓLOGO TOTAL / COLUMNISTA INVITADO DE TEATRO

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Imágen de la obra ‘Todas las canciones de amor’.
Foto: Cortesía Festival Iberoamericano

Fuente: Eltiempo.com

‘Todas las canciones de amor’ es el monólogo de una mujer, de una madre, que luego de iniciar la rutina “de los días parecidos que la dejan tenue, debilitada”, sufre una ruptura interna y comienza a hacer un repaso sobre su vida.

Llevados de la mano de la argentina Marilú Marini, pasamos del humor, al drama, al desconcierto y a la ternura, en una actuación de gran suficiencia histriónica.

Aquí la palabra –un texto lírico y psicológico– es a un mismo tiempo imagen, pues Marilú logra gestualizar los pensamientos.
La escenografía es sobria: una mesa para cuatro, un piano y dos cuadros del hijo Martín que llegará a cenar, y que está enamorado de un hombre de una belleza insultante, un negro que escandaliza al padre y sensibiliza a la madre.

Es un día, unas horas o unos minutos, ¿qué importa el tiempo? Lo esencial es lo que antecede al clímax y que la protagonista prepara con tormentosas certezas, que la luz intensifica cuando los fantasmas del inconsciente invaden el escenario. Por ejemplo, cuando rememora que encuentra un manchón negro en la almohada del niño y ella quiere ser la guardiana de los sueños del hijo.

Canciones de Nino Bravo, una zamba de Mercedes Sosa, algo de Perales, acentúan los recuerdos entre el hijo y la madre. Martín sigue en el aire mirando las nubes, aún no llega, pero ella lo sospecha y la nostalgia enriquece el presente.

Una escena memorable es cuando la protagonista se imagina a Martín, Robert, Claudio, su esposo, reunidos, y ella entabla los diálogos y actúa por cada uno. Es dueña de sí y del público. Eliminaría la última canción, pero la obra nos demuestra que la vida es la madre de todas las cosas, y la Marini la lleva a cabo con pasmosa totalidad.

2018-04-01T01:08:14+00:00